Nuestro planeta vecino más cercano, ubicado a solo 250 millones de kilómetros

Son aproximadamente 240 días, o bien ocho meses, sólo de ida. Ese es el tiempo en promedio que la NASA calcula para llegar a Marte, nuestro planeta vecino más cercano, ubicado a solo 250 millones de kilómetros, aunque ha estado también a sólo 56 en su mayor aproximación.

Y frente a la meta que le asignó a la NASA el presidente estadounidense Donald Trump en uno de sus últimos discursos, de enviar a un hombre al planeta rojo en la década del 2030, la pregunta que desvela a los científicos, expertos en aterrizar robots y enviar sondas que lo orbitan, recae siempre en la condición física humana. ¿Es posible para un astronauta sobrevivir al viaje ida y vuelta?

Y allí aparece la mayor amenaza que tiene el hombre fuera de la burbuja de vida llamada planeta Tierra. Y se llama espacio exterior. Ese mismo espacio donde no existe la gravedad y sí las radiaciones electromagnéticas. Ese mismo espacio que en un viaje de varios meses o años puede convertirse en una situación terrorífica de soledad, estrés, aislamiento y desesperación para una persona que naturalmente ha interactuando con otros desde que nació.

Y allí es cuando la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) busca respuestas en la medicina y halló en Alejandro Rabinstein una posible respuesta que requiere años de estudio: la hibernación o criopreservación, una técnica que algunos animales utilizan en la Tierra y que ha sido muy explotada en las películas y series de ciencia ficción.

Rabinstein dirige la Unidad de Terapia Intensiva del Departamento de Neurología de la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, donde también es profesor de neurología en la Facultad de Medicina Mayo. Y después de trabajar durante dos décadas en los Estados Unidos, fue contactado por la NASA para trabajar en la implementación de la hipotermia en los viajes espaciales prolongados para proteger la salud de los astronautas.

En concreto, la NASA quiere ampliar sus investigaciones en el uso de la hipotermia en la práctica clínica y le propuso estudiar si esa reducción de la temperatura corporal en algunos pacientes podría preservar la función neurológica y física en astronautas que pasen mucho tiempo en el espacio.

Fuente: Infobae